Daten no Inugami -SLASHDØG- Volumen 1 – Prólogo

Introducción

 

Él no sabía si aquello se trataba de solamente un sueño o una simple ilusión, pero lo que era certero es que estaba anclado profundamente en sus recuerdos.

Se trataba de un suceso de cuando era pequeño, a la edad de siete años… Había ido a jugar a las ruinas de la ciudad vecina con ganas de iniciar una aventura. Fue en ese momento, en medio de la nieve y el cielo invernal de enero, que aquello apareció frente a él.Leer más »

Sankaku no Kyori wa Kagirinai Zero Volumen 1 – Prólogo

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Prólogo:

Lector Hipócrita, Mi Igual, ¡Hermano Mío!

 

Lo estuve leyendo una y otra vez como si fuera algo importante. La portada estaba rasgada y las páginas descoloridas; era un pequeño libro de bolsillo maltratado, con las páginas 9 y 10 abiertas.

Es evidente que ya ese fragmento no se sentía nuevo en lo absoluto. El contexto del libro destruye de inmediato mi Gestalt haciéndome incapaz de reconocer incluso el significado. No obstante, sin darme por vencido, seguí leyendo una y otra vez aquel párrafo.

…Sniff.

Involuntariamente mi nariz captó el extraño aroma de la cera de resina del suelo.

Ahora mismo me encontraba en la que sería mi aula, la clase 4 de segundo año, sentado en un sitio junto a la ventana. De alguna forma, ese día pude levantarme temprano, preparar mis cosas rápidamente y llegar hasta aquí sin problemas…

Aún faltaba una hora. Faltaba una hora para que la ceremonia de apertura diera comienzo.

La ceremonia sería lo mismo de siempre. El mismo discurso de siempre por parte del director, cantar el himno de la escuela y una pequeña charla de “prohibido cualquier acto para mayores de dieciocho” por parte de los maestros de orientación. Luego de que todo eso acabara, nos llevarían del gimnasio nuevamente a este salón y es así como empezaría otro ciclo.

Supuse que de aquí en adelante el aroma de estas aulas completamente sin ventilación desde las vacaciones de verano será sustituido por el de una nueva vida escolar.

“Haa…”

Sin darme cuenta, ya me encontraba suspirando. Era seguro que de nuevo tomaría el papel de mis muchos yo en esta nueva aula. El yo de delante de mis amigos, el yo de delante de los maestros, el yo de delante de todos aquellos con los que no quiero involucrarme… y el yo a los ojos de todas las demás personas.

No creo que hacer eso sea malo, pues lo considero realmente necesario, no obstante, al mismo tiempo siento como si me estuviera engañando a mí mismo en el proceso. Cuanto más tiempo permanezco haciéndolo, más siento como si llegara a perder de vista cuál es el verdadero yo. Es precisamente por eso que, para no desprenderme de quien realmente soy, quiero experimentar las cosas que me gustan una y otra vez. Después de todo, siento como si aquellas cosas a las que realmente me siento conectado fueran las que me mantienen unido a mí mismo.

Justo en ese momento…

“…¿Eso es de Ikezawa Natsuki?”

Una voz me habló desde una corta distancia, a lo cual instintivamente levanté el rostro. Allí, a mi lado, sin darme cuenta se había acercado una chica y estaba parada. Una chica con el uniforme de la escuela estaba allí, viéndome a la cara.

“A mí también me gusta Still Lives.”

…Pero antes de todo eso, hubo una pequeña perturbación en mi interior.

Antes de pensar en cosas como quién era o si acaso me vio haciendo algo malo, una sensación recorrió mi cuerpo, como si se tratara de una corriente eléctrica de poca intensidad…

Su rostro era tan fino como el material de los cristales preciosos, y sus ojos deslumbrantes, como las brillantes galaxias a centenares de años luz. Su cabello negro era corto y brillaba por el reflejo de los rayos del sol de la mañana. La chaqueta que llevaba encima era completamente nueva; sus dedos, tocando su bolso, se veían tan delicados como una vela. Su expresión era misteriosa, un poco desprotegida, pero su rostro era maduro y en cierta forma indiferente…

…En ese momento sentí cierta sensación. Una calma, sentí una calma justo antes de que mis emociones dieran vueltas sin control…

(Ah, no es tiempo de estar pensando en eso ahora.)

Rápidamente cerré el libro y lo escondí bajo el pupitre.

“Aah, ¡jajaja! ¡Me sorprendiste, no me di cuenta para nada que estabas ahí!”

Me esforcé para sonreír como pude y levanté la voz a la vez que el tono, que me salió agudo.

“Por cierto, ¿desde cuando estás ahí? ¿Acaso desde hace mucho rato? ¡Si es así, debiste decirme que estabas ahí!”

“…Llegué hace poco. ¿Por qué escondes el libro?”

“Aaah, ¿lo viste? Uhmm, intenté leerlo porque me lo prestó un amigo, pero, bueno, la verdad es que no lo entendí y me dio un poco de vergüenza~”

“…¿Por qué?”

“Ah, pues mira, normalmente ningún estudiante lee esto, ¿no? Y… ¿cómo decirlo?, estaba leyéndolo en el salón y a escondidas…”

“Yo no estaría tan segura de que nadie lee esos libros.”

Luego de declarar eso, ella se paró recta. Y así, con una voz tan clara como el sonido de un clavel…

“…Lo más importante es mantenerse en contacto con el mundo exterior, rodearse de montañas, personas, la naturaleza y la lluvia veraniega, al igual que no perder de vista el inmenso mundo que yace dentro de ti. Lo importante es conseguir la coordinación y la armonía entre tus dos mundos dispuestos uno a cada lado y separados por tan sólo un paso de distancia.”

…Me quedé sin palabras.

Ella leyó con fluidez ese pequeño pasaje; a la perfección, diría. Aquello era el comienzo de Still Lives, la frase que yo había leído una y otra vez…

La chica en ese momento me vio directamente al rostro.

“…Es una gran novela, ¿no crees?”

Una fuerte y notable sensación de pena comenzó a elevarse.

Aquello no se trataba de una especulación, sino simplemente de una sencilla impresión. Eran sus verdaderos pensamientos, tan indefensos como una planta recién brotada, y a la vez tan sólidos como el tronco de un gran árbol. Pero entonces… ¿qué era yo comparado con eso?

Creé un personaje en base a una idea superficial, le mentía a mi verdadero yo con una actuación endeble y traté con poco cuidado la novela que se suponía era mi salvación… Por eso, ahora mismo, el odio hacia mi persona me enfrió los pies como unos zapatos a los que les ha entrado agua. Después de todo, incluso me quedé completamente callado durante más de diez segundos.

“…Sí, tal vez sea una buena novela.”

Así lo admití, sin poder resistirlo mucho más. Y luego…

“Más bien, sí, diría que me gusta mucho Still Lives. De hecho, de entre todas las que he leído, definitivamente está en mi top cinco.”

Dije eso sin pensármelo dos veces.

“Pero… siento que este tipo de cosas no va conmigo. Por eso, no sé, como que intenté leerlo en lugares donde la gente no pudiera verme mucho…”

 

 

 

 

 

 

 

No podía creer lo que acababa de hacer. Lo que había dicho hace unos instantes eran mis verdaderos pensamientos, aquellos que ni siquiera mi tutor, mi familia ni mis amigos pudieron descubrir nunca. Pero, en ese caso, ¿por qué se lo dije a una chica que había visto por primera vez…?

“Ya veo.”

Ante esa actitud mía tan consternada, la chica murmuró levemente. Pero luego cambió su expresión haciendo mover sus mejillas tan blancas como la leche…

“…No creo que deban importarte mucho ese tipo de cosas. Vive como gustes y te sientas orgulloso.”

En ese momento me quedé sin palabras por completo. Mi mirada quedó atrapada en la suya, y mi olfato ebrio del aroma fragante desprendido de su cabello. Por alguna razón no pude moverme. No pude mover ni un solo dedo ni ninguna otra parte de mi cuerpo.

“¿Estás asignado a esta clase?”

“…S-Sí, así es.”

Respondí torpemente a la pregunta que ella me hizo.

“¿Tal vez tú… también estás en esta clase?”

“Sí.”

“…Más bien, ¿en qué clase estabas en primer año?”

Aunque me puse a pensarlo un buen rato, concluí que nunca había visto a esa chica antes.

En esta escuela había al menos doscientas compañeras del mismo grado, pero casi siempre me las encontraba en las competencias de atletismo o en los festivales culturales. Por eso era algo raro encontrarme a una a la que nunca hubiera visto ni siquiera de reojo.

“Me transferí, por lo que estaré estudiando aquí desde hoy. Soy Minase Akiha, un gusto.”

“Aaah, ya veo, una estudiante transferida… Ah, yo soy Yano Shiki. Un gusto…”

“Así que Yano-kun…”

Dijo Minase-san para luego darse cuenta de algo y mirar a su reloj de pulsera. Entonces…

“Diablos.”

Su cara se puso rígida de inmediato.

…¿Qué le habrá pasado? ¿Acaso se habrá olvidado de algo en casa?

Pensé para mí mismo, pero al siguiente instante…

Su expresión… de alguna manera cambió misteriosamente. Aquella cara rígida, de un momento para otro, se quedó inexpresiva y luego… como si se tratara de alguien chupando un limón, los sentimientos de sorpresa, confusión y vergüenza comenzaron a aparecer en su rostro. Una expresión débil, tal y como si “su alma hubiera sido cambiada por otra”.

Y así, Minase-san se volteó hacia mí una vez más…

“…¡Uaah!”

Puso una cara como si se hubiera dado cuenta por primera vez que estaba aquí a su lado.

“…¿Q-Qué sucede?”

“L-Lo lamento… ¡No es nada!”

Dijo eso para luego rápidamente abrazar su mochila con ambas manos…

“¡C-Con permiso!”

Sin tiempo a detenerla, salió rápidamente del salón con un pequeño trote. Yo, como el único que se quedó allí viendo eso, terminé bastante confuso en realidad.

“…¿Y qué acaba de pasar? En serio, fue tan repentino…”

Murmuré mientras observaba hacia la puerta del salón por donde ella había salido.

Junto a mí había quedado el aroma de la cera de resina del suelo del salón, los rayos del sol color crema filtrándose por la ventana y una agradable brisa de primavera refrescante.

Pero… ya veo. Así que ella será mi nueva compañera de clase. En ese caso, compartiré los días que están por venir junto a ella también…

Sin tiempo de hacer más preguntas, me di cuenta que de repente estaba de pie. En mi corazón, un sentimiento de soledad se adhirió con fuerza a mi pecho.

Y así, junto a un “aaah”, comprendí la razón de todo eso sin lugar a dudas.

Justo ahora… me acababa de enamorar.

El 9 de abril, en la mañana del segundo año de clases, me enamoré de Minase Akiha, una chica con la que apenas intercambié unas palabras…

Sankaku no Kyori wa Kagirinai Zero Volumen 1 – Introducción

Introducción

 

Para ****.

Ahora que lo veo, ésta es la primera vez que te escribo una carta. Tal vez te pueda resultar sorprendente, pero créeme que lo es incluso para mí ahora mismo. Y es que, la verdad, no escribo algo en un papel de carta desde la primaria. Me atrevería a decir que es la primera vez en diez años que escribo una carta.

A veces me pregunto cuánto tiempo ha pasado realmente desde aquel día que conocí a Akiha y Haruka hasta hoy, y la respuesta es la siguiente: siento que ha pasado un mes, a veces creo que un año, y otras veces siento que han pasado diez años.

Por alguna razón, el yo de entonces creía firmemente que los días que dieron comienzo a aquella época jamás llegarían a su fin. Acabé pensando, inocentemente, que el tiempo que pasaba contigo seguiría igual para siempre. Pero por eso estoy seguro que perdí de vista muchas otras cosas a mi alrededor.

Por ejemplo, la estrella que brillaba tenuemente en el cielo sobre la entrada del instituto, o aquella mano derecha con la que cargaba mi maleta, o incluso aquella mentira hecha por el bien de una persona. La parábola dibujada en medio de un círculo, el humo que salía del incinerador y aquel silbido que se repetía perpetuamente una y otra vez. Todas esas cosas que sólo podía tocar y experimentar entonces.

Todas esas cosas que, tristemente, a día de hoy ya he perdido.

Es por eso que, ahora mismo, quisiera recordar cada una de esas pequeñas cosas una última vez, junto a ti.

 

Presentando a: Yuzusoft

Originalmente publicado en Tanoshii kara!:
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Quinta Bala: Panzerlied – Los Tigres Cantantes de la Cruz de Hierro

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En ese lugar había varios lugares turísticos con una decoración y un ambiente como si hubieran mezclado la cultura de Francia y Suiza. Katze entró con sus últimas fuerzas a un viejo hotel de la zona, y luego de decir algunas palabras en alemán fuimos guiados a una suite que al parecer no solía darse a los clientes normales. El interior de la habitación tenía un estilo alemán. Tanto los cuadros como las paredes y los relojes eran de la época pasada. En la pared incluso había un cuadro de Bismark con su casco de punta. Ya veo, entonces la posada está dedicada para huéspedes alemanes también. Con razón aquel hombre no se sorprendió al ver el atuendo de Katze.
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